martes, 7 de abril de 2015

Rafael Correa

(Guayaquil, 1963) Político ecuatoriano, presidente de Ecuador desde 2007, tras vencer en las elecciones de 2006 como candidato del movimiento Alianza País. Consiguió la victoria tras una acelerada carrera política, ya que hasta abril de 2005, cuando pasó a ocupar la cartera de Economía y Finanzas del gobierno de Alfredo Palacio, era una figura prácticamente desconocida en el ámbito político. Durante la campaña electoral se definió como un izquierdista cristiano e ironizó con su apellido al afirmar que, de ganar los comicios, daría "correazos" a la corrupción.
Rafael Correa nació en la ciudad costera de Guayaquil el 6 de abril de 1963. Miembro de una familia de clase media trabajadora y cristiana, él y sus dos hermanos quedaron huérfanos de padre a temprana edad, por lo que su madre, Norma Delgado, debió afrontar la educación de los hijos por si sola y con los escasos ingresos de su empleo.

Sus primeros estudios los realizó en el colegio San José La Salle de Guayaquil, donde en ocasiones jugaba con sus compañeros a recrear el mundo de las altas esferas del gobierno, en el que él representaba el papel de presidente de la República. La escasez de recursos no le impidió avanzar en su formación académica, y siempre que pudo consiguió perfeccionarse mediante la obtención de becas, tanto dentro como fuera del país.
En 1987 se graduó como economista en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, donde presentó la tesis titulada Evaluación de los Programas de Apoyo al Sector Informal en Guayaquil. En 1991 obtuvo un master de Artes en Economía en la Universidad Católica de Lovaina la Nueva (Bélgica), en 1999 otro master de Ciencias en Economía en la Universidad de Illinois (Estados Unidos) y en 2001 finalizó el doctorado en Economía en ese mismo centro académico estadounidense.
Durante el período en que recibió su formación académica, Correa se dedicó paralelamente a la docencia; en 1983 comenzó trabajando como asistente de cátedra y en 1993 fue nombrado profesor principal del departamento de Economía de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Entre 1997 y 2001 se desempeñó como instructor del departamento de Economía en la Universidad de Illinois, y entre ese año y 2005 ejerció como director del departamento de Economía de la USFQ.
Durante su etapa de formación combinó la actividad estudiantil y docente con la militancia universitaria; posteriormente, entre 1987 y 1988 participó de la Misión de los padres salesianos en Zumbahua, provincia de Cotopaxi, donde estuvo a cargo del diseño, implementación y control de proyectos de desarrollo rural integral para las comunidades indígenas de esa parroquia. En reiteradas ocasiones ha trabajado también como profesor invitado en otras universidades, entre ellas la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la Universidad Andina.
La carrera política de este joven académico católico se inició en abril de 2005, cuando el Ecuador intentaba salir de una grave crisis institucional. El 20 de ese mes, el entonces vicepresidente de la República, Alfredo Palacio, se hizo cargo del gobierno después de que el Parlamento destituyera al presidente Lucio Gutiérrez, como consecuencia de una gran movilización ciudadana en la que tuvo gran protagonismo el movimiento indígena. El nuevo mandatario convocó a Correa para ocupar la titularidad del Ministerio de Economía y Finanzas, una cartera para la cual el guayaquileño contaba con una sólida formación. En ese cargo permaneció hasta el mes de agosto, cuando emprendió la actividad como consultor independiente y comenzó a perfilarse como un posible líder de gobierno. Su figura fue creciendo ante los ciudadanos, sin más desgaste político que el de los prolegómenos de la contienda electoral, sobre la base de una ideología de izquierdas y cristiana, que mostraba cierta comunión con el modelo chavista de Venezuela.
Una vez confirmado como candidato a la presidencia del movimiento Alianza País, Correa lanzó su campaña bajo la consigna irónica de que daría "correazos" a la corrupción, en alusión a su apellido. Entre los puntos de su programa que atrajeron la atención de los ciudadanos estuvo la férrea oposición al Tratado de Libre Comercio (TLC) de Ecuador con Estados Unidos y a la renovación del acuerdo que permite el funcionamiento de una base estadounidense en la localidad de Manta. Entre las promesas expuestas por el mandatario electo estaba la reestructuración del Parlamento a través de una Asamblea Constituyente.
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el 15 de octubre de 2006, Correa consiguió quedar en segundo lugar después del empresario bananero Álvaro Noboa, representante del Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN). La segunda vuelta, que tuvo lugar el 26 de noviembre, lo confirmó como presidente electo del Ecuador al obtener el 56,67 % de los votos, frente al 43,33 % conseguido por Noboa. El 15 de enero de 2007 juró el cargo.

viernes, 13 de marzo de 2015

Esparta
GABRIEL HIDALGO
1RO "D"



Esparta (Dórico Σπάρτα; Ático Σπάρτη Spártē), o Lacedemonia (en griego Λακεδαιμονία), era una polis (ciudad estado) de la Antigua Grecia situada en la península del Peloponeso a orillas del río Eurotas.1 Fue la capital de Laconia y una de las polisgriegas más importantes junto con Atenas y Tebas. Esparta surgió como una entidad política en siglo X a. C., cuando los invasores dorios subyugaron a la población local. Hacia el 650 a. C. la ciudad ya era una potencia militar en el conjunto de la Antigua Grecia.

Gracias a su poderío militar, Esparta fue una de las ciudades que lideraron a los aliados griegos durante las Guerras Médicasen la primera mitad del siglo V a. C.2 Entre el 431 y el 404, Esparta fue la rival de Atenas en la Guerra del Peloponeso,3 de la que salió victoriosa pagando un alto coste. La derrota de los espartanos ante la ciudad de Tebas en la batalla de Leuctralibrada en el 371 a. C. marcó el final de su hegemonía, aunque mantuvo su independencia política hasta la conquista romana de Grecia en el 146 a. C. Entonces comenzó para la ciudad un largo período de declive que tocó fondo en la Edad Media, cuando los espartanos se trasladaron a Mistrá. La moderna Esparta es la capital de la unidad periférica griega de Laconia y el centro de una zona que vive de la agricultura.

Esparta fue una ciudad única en la Antigua Grecia por su sistema social y su constitución, que estaban completamente centrados en la formación y la excelencia militar. Sus habitantes estaban clasificados en varios estatus: homoioi —gozaban de todos los derechos—, motaz —nacidos fuera de la ciudad pero criados como espartanos—, periecos —libertos— e ilotas —siervos—. Los hómoioi recibían una rigurosa educación espartana —agogé— centrada en la guerra, gracias a la cual lasfalanges espartanas eran consideradas las mejores en batalla. Las mujeres espartanas gozaron de más derechos e igualdad con los hombres que en ningún otro lugar del mundo de la antigüedad clásica.

Aunque Esparta nunca llegó a tener tantos habitantes como Atenas4 y en la actualidad sólo quedan ruinas de la antigua polis, su idiosincrasia fascinaba incluso a sus coetáneos y la admiración por la cultura lacónica ha pervivido hasta la actualidad

                                                              LA GRAN GUERRA

En el siglo VI a. C., Esparta se había interesado por el Asia Menor, entre otras cosas suscribiendo una alianza con Creso, rey de Lidia. Al comienzo del reinado de Cleómenes I, sin embargo, se mostraría más aislacionista, rechazando apoyar, en el 499 a. C., la revuelta de las ciudades de Jonia contra los medos (persas), para centrarse en consolidar su propio imperio del Peloponeso. En 491 a. C., cuando Cleómenes logró desembarazarse de Demarato, las cosas cambiarían. Los espartanos arrojaron a un pozo a los emisarios de Darío I, llegados para reclamar la tierra y el agua, acto simbólico de aceptación de la hegemonía universal de los aqueménidas, y despacharon refuerzos a los atenienses (refuerzos que llegaron a Maratón demasiado tarde para participar en la gran victoria griega). En el año 481 a. C., cuando Jerjes reclamó de nuevo la tierra y el agua a todas las ciudades griegas, exceptuando a Atenas y Esparta, fue naturalmente a ésta última a la que se le confió encabezar la Liga Panhelénica, incluyendo la flota, pese a la superioridad marítima deAtenas. Tras haber renunciado a defender Tesalia, los espartanos, mandados por su rey Leónidas, defendieron valerosamente el desfiladero de las Termópilas, retrasando en forma notable el avance de los persas, y permitiendo a la flota replegarse hacia Salamina. En contrapartida, la total victoria de Salamina fue obra de los atenienses, quienes tuvieron que recurrir al chantaje para forzar la batalla en el estrecho, siendo así que el navarca –almirante- espartano de la flota, Kriatos, deseaba replegarse al istmo de Corinto.
En el 479 a. C., la victoria de Platea se logró bajo el mando del general Pausanias, regente debido a la minoría de edad de su primo el rey Plistarco hijo de Leónidas I. En el 479 a. C., la victoria de Mícala se logró bajo el mando del rey Leotíquidas II. El general Pausanias recibió la misión de destruir el puente de barcas construido por los persas sobre el Bósforo, con el fin de dificultar su retirada, pero una tempestad se encargó por él del trabajo. Con el restablecimiento de la paz, Esparta propuso abandonar a su suerte las ciudades jonias, demasiado lejanas, pero tropezó con la oposición de Atenas, lo mismo que en su sugerencia de expulsar de la anfictionía de Delfos a las ciudades culpables de medismo o alianza con los persas: es decir, las de Tesalia.
Apenas terminadas las guerras médicas, Esparta se inquietó por el creciente poderío de Atenas, enardecida ésta por sus victorias contra los persas. Presionada por Egina y Corinto, Esparta prohibió a Atenas reconstruir sus murallas, destruidas por los persas. Esto no impidió que Atenas abandonara la Liga Panhelénica para fundar la Liga de Delos. Esparta no llegó a desencadenar una guerra y las relaciones se mantuvieron estables hasta el 462 a. C., año en el que desdeñó y envió de vuelta un contingente ateniense dirigido por Cimón, que había acudido a socorrerla en plena revuelta de los ilotas. Esto supuso la ruptura, sellada con la condena al ostracismo del espartófilo Cimón por sus compatriotas de Atenas.
Las hostilidades propiamente dichas comenzaron en el 457 a. C., a requerimientos de Corinto. Tras una serie de victorias y derrotas para ambos bandos, se alcanzó una paz inestable que duraría cinco años. En el 446 a. C., las revueltas de Megara y Eubea reavivaron el conflicto. Esparta, a la cabeza de las ciudades coaligadas, arrasó el Ática. El propio rey espartano Plistoanacte fue acusado de corrupción, por no haber proseguido la ofensiva, y condenado al exilio. En el 433 a. C., por último, el asunto de Córcira dio lugar al inicio de la Guerra del PeloponesoLa guerra se prolongaba demasiado. Pericles decidió abandonar el Ática al pillaje sistemático de los espartanos, acogiendo a la población dentro de los Muros Largos, que unían Atenas con su puerto, El Pireo. En el 425 a. C. se produjo la humillante derrota de Esfacteria, donde 120 Iguales (ver más abajo), pertenecientes en su mayor parte a las grandes familias de Esparta, fueron capturados en un islote. La ciudad tendría que rendir la flota para recuperar a sus hoplitas. El golpe fue traumático: era la primera vez que se veía a los Iguales rendirse en vez de combatir hasta la muerte. En el 421 se firmó con el estratego ateniense Nicias una paz largo tiempo anhelada.
Pese a todo, las tensiones permanecieron. Esparta y Atenas chocaron nuevamente en el 418 a. C. por una disputa territorial enMantinea. Atenas decidió que Esparta había roto los tratados, y la guerra recomenzó en el 415 a. C. Los atenienses organizaron una expedición contra Sicilia que terminó en desastre, ya que la mayoría de los barcos terminaron destruidos. La revuelta de las ciudades jonias de la Liga de Delos permitió a Esparta imponerse en el campo de batalla. En el 404 a. C., una Atenas sitiada terminó por capitular.
Esparta obligó a Atenas a acortar los Largos Muros en diez estadios (algo menos de dos kilómetros) por cada extremo, y a unirse a laLiga del Peloponeso. Los espartanos, sin embargo, titubeaban respecto al sistema de gobierno que impondrían a la ciudad. Todo el mundo estaba de acuerdo en la necesidad de poner fin a la democracia, pero se dudaba entre una oligarquía radical bajo tutela espartana y otra más moderada, sin guarnición espartana para sostenerla. El general Lisandro, gran artífice de la victoria sobre Atenas, impuso el gobierno de los Treinta Tiranos, pero el otro rey, Pausanias, permitió enseguida el derrocamiento y huida de los Treinta y de sus partidarios, y apoyó en cambio a los oligarcas moderados que se habían quedado en Atenas. Con todo, a su regreso a Esparta Pausanias sería juzgado, y ocho años después de su absolución, se vería condenado cuando Atenas volviera a tomar las armas contra Esparta.